«Me duele todo el cuerpo»

En la actualidad cualquier hecho o acontecimiento se diagnostica y trata como una enfermedad y se consulta todo con un especialista, con un saber, derivando en que muchas personas dejan en manos de otros las decisiones sobre su vida y su organización.

La responsabilidad ya no es del sujeto, es de la enfermedad. Dicen que tal cosa u otra no puede hacerlo porque le causa pánico, ansiedad o vaya a saber qué síntoma.

Es más, existe una demanda creciente por el diagnóstico, casi como una moda que impone que “algo tenés que tener” y en forma solidaria un sinnúmero de patologías, enfermedades y sus correspondientes remedios, medicación farmacológica y/o terapéuticas o la combinación de todas ellas.

El cuerpo es tomado por el otro, todo, completo, por la medicina.

El dolor tiene un sentido que quedó coagulado en la historia.

El sujeto hace síntoma por una causa que desconoce esperando que alguien le brinde respuesta a ese dolor, del cual nada se anima a saber ni se pregunta sobre su origen. Se presenta como un niño, en posición fetal aguardando que alguien lo tome y asuma por él la responsabilidad sobre lo que le pasa y le dé una solución, una respuesta a ese dolor, un remedio.

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