«Todos los hombres son iguales»

La frase sugiere que conoce a todos y que no hay diferencia entre ellos. Lo que señala es precisamente que de ella no puede hablar. Es la que no cambia, la que siempre es la misma, el faro que alumbra, la piedra inmóvil en el camino, lo que no se conmueve ante nada y que no puede involucrarse en lo que dice y siente. 

La lógica indica que si todos son iguales la única diferente es ella. Sin embargo, lo diferente queda anulado detrás de una pantalla, de un hacer que la impulsa al encuentro con iguales sin saber por qué. El eterno retorno de lo mismo. Todos son diferentes, los iguala su modo de mirar. Solo emerge una parte de la ecuación, la respuesta que confirma su premisa “Todos son iguales”, que elude las preguntas: ¿A quién? y ¿Quién lo dice?

Hay un doble rechazo, a que alguno ocupe un lugar diferente y, a ser tomada por otro que contradiga la premisa. Se sustrae sin ser consciente de este modo de vincularse con el otro para seguir siendo “única”, evitando el encuentro con lo diferente, volviendo sus relaciones efímeras e intrascendentes.

Lo que resulta es un juego de seducción en el cual lo que da a ver no es algo que falte. En verdad da a ver «nada» por lo que cualquier hombre es “todo” y no lo necesita.  Por eso lo rechaza.

En definitiva, cree que su deseo puede ser colmado por el otro y se preserva “toda” para seguir deseando. No es más que una relación imaginaria. El rechazo por lo diferente es para que nada le falte, nada la cause y siga siendo la misma, única. “No sé lo que quiero” es otro modo de presentación.

El sujeto aún no sabe lo que dice. Está determinado por su saber inconsciente. Es hablada por él.

El malestar emerge en tanto la premisa es incomprobable y no puede sostenerse en el tiempo. “Todos los hombres son iguales” hace de escudo protector contra el deseo y el encuentro con su deseo es lo que la angustia.

Desplegar esta pregunta y cuestionar la sentencia que la lleva a decir que todos son iguales será parte del trabajo en un análisis. 

Solo se trata de animarse a poner en juego aquélla frase.

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