«Si hago algo para mi, me da culpa»

La culpa es un sentimiento sustituto, una respuesta anticipada que vela la angustia. Se hace presente para obturar el deseo. El sujeto se crea una ficción de la que cae preso, a modo de víctima. No sabe por qué ni cómo detener la exigencia de seguir sintiéndose culpable; haga lo que haga es demandado a responder de esa forma.

“Me da culpa” ¿Quién le da?

Imaginemos el siguiente diálogo inconsciente:

Yo: -¿Podría hacer algo para mí?

Superyó: -No podés, no te lo permito. Lo tenés prohibido. Además, ¿para qué?, si igual te va a ir mal. Cada vez que hacés algo te arrepentís. Sos un perdedor, un fracasado. Sin mí no sos nada.

Yo: -No estoy pidiendo tanto, es solo esta vez, ¡Negociemos por favor, Señor! 

Superyó: -Ok, intentalo, solo tené presente que si vas a hacer algo te voy a dar culpa.

Yo: -Gracias, estoy en deuda contigo. 

Superyó: -Cada vez que quieras poner en juego tu deseo tendrás culpa.

Esta ficción se sostiene en tanto el sujeto la da por válida.

No hace solo para él. El hacer es para obtener algo a cambio, la culpa. Es mandado a sentir dolor. Es por ello que la culpa es un efecto que se percibe de manera consciente por una causa que desconoce de carácter inconsciente. Si es mandado a sentir culpa es por la presencia de una voz interna, que el sujeto escucha incansablemente, la voz del Superyó. En definitiva, el Superyó le da culpa a cambio de que haga algo.

La deuda resulta impaga e incobrable. El sujeto nunca termina de saldarla y ese resto insiste en repetir la secuencia. De allí la frase de la viñeta “Si hago algo para mí, me da culpa”. Es posible añadir a la frase un “cada vez” que señala la repetición.

La culpa es una recompensa que alguien pagó por él y se creó una deuda que el sujeto significó como tal y tiene que pagar con algo a cambio. Hasta que no rescate a su deseo, le hará sentir su culpa.

El deseo lo hace adoptar al sujeto la figura del delincuente, del trasgresor. Si lo pone en juego se considera “a sí mismo” culpable. Cede en su deseo, lo traiciona y le adiciona algo más que ofrenda al Superyó, su culpa.

“¿Qué delito cometí para que me condenes a sentir culpa?”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *