«Quiero que todo siga igual»

Sabe que no lo puede lograr, al menos en forma permanente. No desconoce que el futuro sucederá. ¿Por qué dice lo que dice? 

Su pasado la detiene. El presente genera ansiedad. El futuro angustia.

Lo único que la puede separar de lo idéntico es el deseo y es precisamente de él que no quiere saber nada. Se muestra inhibida en su modo de desear. Si no hay movimiento no hay deseo. Se preserva. La idea de transitar lo conocido, aún si es malo, aún si no es siquiera lo que espera de su vida, le da consistencia, un lugar. Que nada cambie, hace que ella tampoco lo haga. 

La parálisis, la inacción, lejos de dejarla en el mismo lugar… la posterga. Mientras que todo sigue avanzando, se crea la ilusión de lo igual, lugar conservador del sujeto. Lo curioso es que es un lugar de mucho trabajo el tratar de mantener todo idéntico. Son sujetos que se refugian en el pasado, en los recuerdos que cobran valor nuevamente en el presente. El pasado y el presente son uno solo.

En un análisis se toma en consideración la palabra del sujeto que padece de su pasado. Se trata de “restar pasado” para que haya lugar para otra cosa. Pensemos en una ecuación: para que algo ingrese algo se debe perder, el pasado cristalizado tal como se lo recuerda. El analista con su interpretación hace ingresar una nueva variable que sorprende al sujeto, que no tenía disponible de su pasado, haciendo cambiar indefectiblemente su presente. Toda una operatoria en la que el sujeto tiene la posibilidad de armar una nueva línea de tiempo.

Se trata de al menos dos movimientos simultáneos, acompañar al sujeto en su recorrido e intervenir para que el pasado pierda algo de la incidencia que tiene sobre el presente. Es este nuevo lugar el que causa el movimiento del sujeto hacia el futuro.

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