«¿Qué hice yo para merecer esto?»

De buenas a primeras una persona se hace esa pregunta. ¿Qué respuesta se brinda?

Indagar cómo se ha arribado al lugar en que se encuentra ya es un paso extraordinario en la búsqueda de respuestas a este interrogante que resulta enigmático en muchas ocasiones.

Ese paso consiste en asumir cierta responsabilidad en aquello que le sucede, al menos se pregunta qué hizo, sabe que su hacer ha producido algo.

Al mismo tiempo, merecer, señala que tiene que ver con él de alguna forma, lo hace meritorio de algo, protagonista y este rol que interpreta no es sin consecuencias.

En un análisis se descubre que eso que llama “Yo” es lo más ajeno que tiene. ¿Sino por qué lo nombra? La frase en nuestro lenguaje no lo necesita y sin embargo lo hace aparecer. Tiene que nombrarse ahí donde no está para acusar recibo de lo que merece.

Es sutil, claro, y la lectura analítica se trata de eso, de encontrar en una frase un lugar, un sujeto que necesita un “Yo” para ubicar lo que predica.

La queja así planteada le demanda a ese Yo que conteste. Es posible considerar que su inconsciente le hace hacer cosas que el Yo padece. Esa división subjetiva abre la posibilidad de la pregunta ¿Quién habla?

Si quieren seguir leyendo sobre este tema los invitamos a leer el relato El relato Resistir no es más que hacer consistir al otro termina con esta frase en nuestra página web

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