«No me gusta mi trabajo»

Lo que muchos consideran un trabajo no es más que un empleo. Trabajar es otra cosa.

Un empleo es remunerado, responde a una estructura de jerarquías con diversas responsabilidades concomitantes. Cada puesto tiene una función y una tarea determinada y se le paga por cumplir objetivos. El empleo es una respuesta a las directivas que efectúa y planifica la autoridad y los diseños que propone el funcionamiento la empresa, fábrica, comercio, etcétera.

El empleo, escaso hoy en día, si bien ha evolucionado con la modernidad en cuanto a derechos y sindicalización sigue sosteniendo las características de la antigüedad  en cuanto a la relación asimétrica de las posiciones. De la relación entre amo y esclavo, se pasó a la de jefe y empleado.

Por diversas situaciones la mayoría de los sujetos acceden a empleos que no se corresponden con su preparación, elección o aspiraciones. Se ocupa el puesto que está en oferta y que no necesariamente responde a los intereses de quien lo ocupa. Hay un dador de empleo y un empleado deudor que paga con su tiempo y esfuerzo su remuneración. 

Son pocos los lugares que promueven espacios creativos, de elaboración y desarrollo y generalmente el empleado se encuentra frustrado, coartado en sus iniciativas y menoscabado en sus aspiraciones.

Da la impresión que no hay demasiadas opciones, sin embargo las hay. 

En principio en cualquier estructura, por más completa que parezca hay agujeros. Ocuparlos o no depende del grado de responsabilidad que tenga cada sujeto.

Tengamos por cierto que algunos sujetos resisten en su lugar y de esa manera en lugar de crecer o hacer algo distinto, no hacen más que consistir una estructura completa que solo le asigna el lugar que tiene y por lo tanto no hay movilidad ni cambio. Espera que el otro (su jefe) lo reconozca, que desaparezca o renuncie, o incluso que se muera. 

Esperar que el otro haga algo por él le quita un peso de encima … y de su bolsillo claro está.

El trabajo o mejor dicho, ponerse a trabajar, es algo que difiere de lo descrito sucintamente en el apartado anterior.

Se trata de un acto creativo, es decir, habilitarse a ocupar un lugar inédito en esa estructura, crearse un espacio más allá del concedido. Muchos dirán que en algunos casos esto no resulta posible. Si bien es cierto en alguna medida, consideren preguntar en lugar de responder, por ejemplo “¿Qué puedo hacer con lo que me dan?, ¿Por qué elegí ese empleo en lugar de otro?, ¿Qué grado de responsabilidad estoy dispuesto a asumir?, ¿Qué puedo proponer, cambiar, mejorar, etcétera desde el lugar que tengo?, ¿Qué puedo aportar con mi experiencia, saber, preparación?, ¿Estoy en condiciones de correr el riesgo de hacer todo esto y descubrir que “la empresa” me estaba esperando cuando creía que era yo quien la esperaba?” y más aún, un salto más allá de la actividad que sea, es crear su propio emprendimiento y/o empresa, asumir un lugar en el cual la responsabilidad y las consecuencias del acto no son del otro sino propias.

Hay dos relatos en nuestra página web “Resistir no es más que hacer consistir al otro” y “No Elegir también es una elección” que los invitamos a leer para ampliar un poco más este tema.

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