«Mi hijo es igualito a mi»

¿Igual en qué y a qué? ¿En las decisiones, los sentimientos, los miedos, la forma de hablar, de elegir, de desear? ¿Igual en lo que lo pone mal y cómo reacciona ante las adversidades? ¿Igual de gustos? 

¿Puede un hijo ser igual? 

¿Una copia, una réplica, un gemelo, un hermano? ¿Es ese hijo igual o es ese padre quien necesita apoyarse y proyectar su deseo en su hijo? ¿Qué sucede si su hijo no resulta igual a él? Con qué peso carga el hijo, peso de hacer, sentir y pensar igual que ese padre/madre. 

¿Qué lugar para el deseo del hijo? ¿Dónde se manifiesta su singularidad? 

El hijo no importa, es accesorio. Resulta curioso que de este modo si el hijo es “igualito” los roles pueden intercambiarse, la madre puede hacer de hijo algún día, en definitiva son iguales. ¿Quién pone los límites? ¿Dónde termina esa madre/padre y dónde comienza ese hijo?

¡Marche una terapia para esa madre/padre!

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