«Me siento una impostora»

¿Desde cuándo?, ¿Ante quiénes?, ¿Qué esconde detrás?

Se siente una actriz de su vida. Estableció un modo de ser, de aparentar una actitud ante amigos, familia, pareja, ante los demás. Actúa un papel, un rol que le sale impecable, lo conoce de memoria. Y lo padece.

¿Por qué?

Se trata de una defensa, una pantalla, una distracción. “Soy lo que otros quieren y evito peleas”, “Sonrío antes de tener que explicar por qué estoy triste”, “Trabajo/estudio de esto y así no contradigo a mi familia”, etcétera. 

La simulación, la apariencia, el rol que actúa no sostiene otra cosa que la pregunta por ¿Qué es una mujer?, ¿Cómo debe ser, comportarse, sentir?, y ante el enigma que se le presenta responde con su impostura, jugando un rol que evita la pregunta por su deseo, por su falta, por lo que no tiene. Es entonces que pare(ser) lo que no es, una mascarada, un semblante lo siente como falso.

La impostura en definitiva responde a una identificación a “la otra” a la que le atribuye y supone el saber por lo que es una mujer. En su fantasía es otra mujer la que tiene en claro cómo desear y gozar para ser completa. Es por ello que la trata de imitar. Es frecuente escuchar mujeres (hombres también) decir que “tienen una amiga que consigue las mejores citas, tiene mejor cuerpo, es más simpática, cómo consiguió ese trabajo/proyecto, etcétera”. Recorta el rasgo que le interesa para sí de la otra mujer y construye su ideal. 

Esto no es sin consecuencias.

Aunque ella diga que se siente una impostora, ¿lo puede ser? Si bien es una elección lo es en el orden inconsciente que la determina actuar de esta manera. Se “disfraza o usa un postizo” sin saber por qué lo hace. Resulta en una impostora de sí misma.

Esta impostura está destinada a fracasar y repetir, y volver a fracasar y es allí, que algunas circunstancias, decide preguntarse. A veces con un analista.

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