«Me la paso escuchando los problemas de los demás»

A simple vista se trataría de personas que se consideran con cierta aptitud y suficiencia para solucionar y dar una respuesta a los problemas de otros. Establecen una asimetría con quien escuchan en la que se sienten superiores, generando cierta dependencia emocional y afectiva que el que habla no lo percibe.

Se trata en general de personas que necesitan llenar algún vacío con los problemas de los otros, darle algún sentido a sus vidas o bien vivir la vida de aquellos que escuchan, fantasear con lo que les pasa, volverse de algún modo imprescindibles, necesarios, siempre presentes. Se amparan bajo esas frases corteses y amables como por ejemplo “contá conmigo cuando quieras”, “Si me necesitas, allí estaré”, “No te preocupes que yo te ayudo”, “cualquier cosa me llamás”. Hay canciones, poemas, infinidad de imágenes, que circulan en redes y posteos. ¡¿Cómo estar en desacuerdo con semejante acto de grandeza?!

Se transforman en guardavidas de los otros, en salvadores o auxiliadores. Lo curioso es que algunos trabajan de eso, otros lo hacen porque no pueden asumir la responsabilidad y consecuencias de sus propias elecciones.

Algo de lo que llamamos mecanismo de proyección se pone en juego. Salvar al otro, ayudarlo, es de alguna manera no “verse” ni preguntarse por sus problemas, sus heridas, duelos o pérdidas. Al contrario, “ayudando al otro” rechaza de plano esa posibilidad, se “llena” de los problemas de aquellos a los que ayuda. Y hasta en algunos casos más graves, los juzga por ser así “dependientes” cuando fueron ellos quienes generaron ese vínculo. Este modo oculta, recubre, rechaza lo que no quiere ver dentro de sí mismo.

Hay una duplicidad de factores que se dan en esta relación. Por un lado, como señalamos alguien se cree “responsable” por el otro y éste a su vez, en ese mismo acto, se considera “irresponsable” dejando de tomar las decisiones para que las tome el otro. Solo que ni uno ni el otro lo son.

Esta modalidad es más frecuente de lo que creen y a veces se da de modos muy sutiles.

Una de las salidas es detectar cuando “pedí ayuda” y cuando me la dan sin que la pida. 

Otro modo es cuando advertimos que estamos frente a alguien que quiere manejar nuestras vidas es preguntarles “y vos, ¿Qué hacés con la tuya?”

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