«Haga lo que haga me critican»

¿De qué se queja el sujeto? 

El sujeto convoca a otro que considera en un lugar de saber por sobre el suyo. Le otorga un valor privilegiado a su palabra, necesita de ese otro que sancione, que garantice su hacer. Le demanda una respuesta. 

¿Por qué lo escucha como una crítica?

No lo escucha como un comentario más, o algo que se dice al pasar, por el contrario, es el sujeto quien lo sanciona como crítica. El otro responde al pedido del sujeto, este lo escucha y lo vuelve parte necesaria de su hacer, es decir, su hacer está subordinado a otro que él supone superior y lo necesita como “criticador”, un público muy particular que atestigua su hacer.  

¿Por qué?  

La voz del otro tiene un carácter aliviador. Amortigua, suspende momentáneamente a la voz superyoica -que es la voz “interna”- que exige y cuestiona ubicando al Yo en el lugar del acusado.  Es la verdadera crítica que el sujeto escucha y como le resulta intolerable la transfiere a un otro.

Es a través del pasaje por un análisis que esta frase cobra dimensión cuando emerge la responsabilidad subjetiva y se transforma, “Haga lo que haga me critico”.

En definitiva, despejar la crítica de cualquier valoración abrirá camino al hacer. A un hacer posible, con aciertos y fracasos, con incertidumbres y desafíos. Un hacer guiado por el deseo, hacer lo que hay que hacer.

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