El advenir de un sujeto

“Curioseante”

Circula el mito que el psicoanálisis es capaz de dar una respuesta a aquellos padecimientos que otras especialidades de la salud solo han podido brindar en forma general o parcial a problemas singulares.  Habitualmente se dice que los que van al psicólogo -o al  “locólogo”- agotaron todas las ofertas que tenían disponibles. 

Sin embargo, algunos vienen con cierta curiosidad, en la que casi como una tarea de investigación, detectivesca, intentan confirmar si el mito es real.

Otras de las formas habituales de presentación es la más propia de cada persona, de su saber en cuanto a su dolencia. Chequeó todo lo que estuvo a su alcance con el saber médico, obtuvo algunas respuestas pero la persona cree que se trata de algo más. Todavía no sabe que otro saber puede dar respuesta a ese modo de presentarse. Recorren todo tipo de especialistas a fin de encontrarse con alguna respuesta o diagnóstico a su dolencia hasta que son rechazados y/o derivados.  “Yo no te puedo atender más, vos necesitás un psicólogo” y porque el padecimiento persiste, consultan al psicólogo.

Otros directamente llegan mandados por alguien, por su esposa, marido, amigo, amante, etcétera.

Podemos acordar que la construcción de un saber se basa en su respuesta y el objeto de estudio.  Así las cosas, tenemos que el cardiólogo observa y atiende un corazón, el gastroenterólogo un estómago, etcétera, y difícilmente se detengan a preguntar “¿desde cuándo te sucede esto?”. Apuntan a que la cosa funcione. La medicina determina como enfermedad aquello que define un síntoma sin sujeto. Frente al  pedido de desaparición del síntoma vía inhibición, conductas obturadoras, repetitivas y represivas o mediante cosmética farmacológica, el psicoanálisis ofrece otra posibilidad, indagar qué de ese síntoma, qué de aquello de lo que se queja o padece es responsabilidad del sujeto. Entonces, el paciente ¿a quién le habla con su padecer? ¿Quién lo podrá escuchar?

Esa simple pregunta diacrónica, que instala una temporalidad “¿Desde cuándo te duele?”, da lugar a una historia.  Y allí encontramos una persona que narra su historia a un psicoanalista.


Consultante

El consultante viene con dichos, palabras que se mezclan y enlazan de una forma que lo determina. Esos dichos tienen un orden singular determinado por la historia del paciente, sus experiencias, que lo ubican en forma pasiva respecto de lo que está contando. Esa determinación se captura en las sesiones con la escucha analítica. El analista se pregunta: ¿qué está diciendo?, ¿de qué se trata su padecer?, ¿a qué está sujetado?

Esos dichos que trae el paciente tienen un correlato en el inconsciente,  es decir ¿por qué dice lo que dice?, ¿por qué trae estos dichos y no otros?

El paciente le cree a su historia, está convencido de ella y considera que frente la pregunta por el sentido de esa historia, logró arribar a una respuesta verdadera. Escribió su historia incluso antes de vivirla. Tengamos presente que la verdad es una mentira que aún no fue invalidada. Los decires son una respuesta elaborada a una pregunta que aún pertenece al orden inconsciente. El trabajo del analista consiste en crear las condiciones para que se despliegue la pregunta. 

Es por ello que no hablamos de individuos, indivisos, completos.  Precisamente a todos nos atraviesa de algún modo particular los discursos que operan sobre nuestros cuerpos.  La cultura, la sociedad, las leyes, la familia, las circunstancias en las que vivimos y desarrollamos nuestra vida.   Es decir, hay un conflicto permanente entre lo que se quiere hacer y lo que se puede, estamos sujetos al discurso

Habitualmente las personas se presentan como respuestas a demandas propias y ajenas y en algún momento de sus vidas ese mundo entra en crisis. Ya no alcanza ni satisface. Es el momento de encontrar cuál es la pregunta que los aloja, que los moviliza y que a su vez los detiene, ya sea por miedo a no tener respuesta, no buscarla y no explorar nuevas formas y sentidos que puedan surgir justamente a partir de esa pregunta.


Paciente

“¿De qué se trata esto que estoy haciendo?”

El síntoma molesta, estorba, es un escollo pero es un recurso, mientras haya síntoma habrá psicoanálisis. No se trata de aplastarlo, ni eliminarlo.. Es un cifrado que demanda desciframiento. 

El síntoma es un recurso subjetivo del paciente, denuncia lo que no anda y es a la vez una búsqueda de salida.  El síntoma es una intromisión y generalmente culpa al otro por no poder satisfacerlo.

El decir construye un relato en análisis. Con cada intervención se puntúa para poder escuchar.

Se construye en análisis el relato faltante, se prestan palabras, significantes que construyan un nuevo sentido que lo libere de aquel con el que se presenta.

Recordemos que aquellas palabras que trae lo hacen sufrir. Se trata pues de relevar ese sentido y producir uno diferente.  Esta acción desde ya produce un efecto aliviador, por el solo hecho de ser escuchados.

Desde la escucha que devuelve el analista al paciente le suena novedosa y permite que el padecimiento se transforme, a veces en algo diferente y ya eso es un alivio.

El encuentro con el analista implica un nuevo compromiso, una nueva asunción de un lugar hasta ahí desconocidos.

A través de la divulgación que hoy tiene esta profesión, el psicoanálisis, saben de eso que se denomina “mandato”, “orden social”, “cultural”, “familiar”, y en la cual se encuentran inmersos, atravesados por esas circunstancias y no lo saben.

Parte de esta exploración, es reconocer y reconocerse en esas circunstancias e intentar, en la medida en que cada uno así lo manifieste, desplegar algo nuevo con lo viejo. Es decir, hacer algo con lo que han hecho de ustedes. 


Analizante

Es aquel que supone que su sufrimiento tiene una causa, un sentido que a él se le escapa, lo cual implica relacionar sus síntomas con un saber no sabido.  El pedido de análisis corresponde así a una doble operación, por un lado, suposición de un saber que daría respuesta al enigma que el síntoma encierra y, por otro, imputación de un sujeto a ese saber supuesto.

En todo caso, es necesario que el síntoma se transforme en un síntoma analítico. O sea que el sufrimiento que trae el sujeto lo lleve a preguntarse, a formular una pregunta acerca de porqué le sucede, pero con una particularidad: que esta pregunta implique al sujeto.  Esto será posible si en el transcurso de las  entrevistas el consultante se anoticia de que no todo en el síntoma es sufrimiento sino que al mismo tiempo hay algo allí que se satisface

El sujeto debe percibir que en el drama de su existencia no sólo es víctima sino también responsable.

Se constituye con el objeto de pensarse con el otro, con el analista, en donde surjan esas preguntas de su posición en la vida.

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