Cuando el futuro causa dolor. Una lectura posible del ataque de pánico

Es una angustia de la que el sujeto no quiere saber nada y la ubica en el cuerpo, última frontera posible, lo más lejos de sí.

El sujeto desenganchó la señal que ahora origina el “ataque de pánico” en su cuerpo. Al no saber del origen, no querer encontrarse con la causa, algo de manera súbita aparece, casi “mágicamente”.

Se conocen los efectos ¿y las causas? La relación queda oculta ante el fenómeno, ante lo estruendoso del síntoma.  Será necesario hacerlo  hablar, armar una historia, la suya.

Es un miedo extremo ante el llamado a un lugar al que el sujeto no puede acceder, del cual quiere huir, y que lo detiene, lo deja inmóvil. El ataque es un recurso. El sujeto se sustrae y el pánico, el miedo y el terror ocupan su lugar. Él no tiene nada que ver, no está ahí, es tomado por eso.

¿De qué lugar se sustrae?

Los nombramientos constituyen llamados a ocupar un lugar en la historia del sujeto que no imaginaba. Por ejemplo, la asunción de ser padre, ser madre, recibirse, crecer, envejecer, casarse, divorciarse, jubilarse, cambios corporales, aceptar un cargo, mudarse, la muerte de un ser querido, entre otros.

El sujeto de alguna manera imagina su vida, su futuro, y lo que acontece no resulta igual a lo imaginado, no cuenta con los recursos simbólicos para ocupar ese lugar.  Se queda paralizado ante su deseo, en la puerta de acceso.

El miedo anuncia que pierde algo, que está poniendo en juego algo y el ataque es señal del lugar que se deja, que se abandona y que considera parte de su identidad. En definitiva lo que es súbito es el dolor de la pérdida, la sensación de terror que lo invade ante los cambios y la angustia.

Será necesario poner palabras a lo que causa dolor.

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